Principal La Metamorfosis Artículos Contactar
Los Orígenes Patrón Prenatal Aplicación de TM Autoaplicación Filosofía Mudras Principios Universales Metamorfosis Conceptual

Principio de Causalidad

Conocido también como Principio de Causación, o Principio de Causa-Efecto, hablamos quizás del principio filosófico más profundamente arraigado en la conciencia y el quehacer del ser humano, sobre todo el ser humano moderno y contemporáneo.

Hoy en día, probablemente mucho más que antaño, raramente se atiende a nada sin que se ilustre conforme a sus causas o razones más tangibles e identificables. En todos los ámbitos de la sociedad, se habla de las causas y de los responsables de todo cuanto ocurre; y esta ley que nos ocupa, ya desde los tiempos de Hermes, estableció desde el ámbito más filosófico, esta vigencia permanente de la influencia de unas cosas en otras.

Es importante diferenciar “Causalidad” de “Casualidad”. Mientras el primer término designa la existencia de una causa para todo cuanto ocurre, la casualidad es un concepto muy popular utilizado para designar la ausencia de causa cuando en un contexto determinado se estima la inexistencia de ésta, como cuando nos cruzamos con alguien sin esperarlo ni planearlo. El hecho es que siempre nos cruzamos con personas y tampoco conocemos las causas de tales encuentros; es cuando se trata de alguien que conocemos, o de alguien que por el motivo que sea es singular para nosotros, cuando decimos que se ha producido una casualidad. Sabemos que ninguna de ambas partes ha sido llevada por medios paranormales al punto de encuentro, si no que ambas han llegado allí por sus propias y tangibles razones; sin embargo, nos sentimos “tocados” por el resultado de los eventos, o sea el “efecto” del que desconocemos la “causa”; entonces decimos que ha sido una casualidad.

En otros contextos, existen situaciones en las que se presume de conocer los mecanismos que operan en las causas que llevan al acontecer de los fenómenos, solo que nos vemos en una incapacidad de manejarlas y proporcionar con ello predicción o resultados concretos y tangibles. Son situaciones clásicas que conoce la ciencia, como el lanzamiento de unos dados, de una moneda o el mezclado de una baraja de cartas. En tales casos, la ciencia conoce las leyes dinámicas que operan en tales maniobras, con las cuales se podría predecir exactamente el resultado que dará un dado, una moneda, o el orden en que quedarán unos naipes conociendo las características de cada movimiento (ángulos, fuerzas, velocidades, etc). Lo que ocurre es que tales cálculos resultan inabordables con los medios técnicos e intelectuales disponibles. De estas circunstancias nacen los abordajes estadísticos, que llegan a conclusiones mediante el estudio de los resultados de estas situaciones, obviando la dinámica físico-mecánica; en ello descansa el conocimiento que hay de los juegos de azar, así como de muchos otros ámbitos como en ecología, medicina, sociología, etc.

El Principio de Causalidad establece la existencia de causa para todo evento, sea el que sea. Causa y resultado (o efecto) están ligadas por la ley que corresponda al fenómeno del que ambas forman parte, sin embargo, es esta ligadura y nada más la ley de la que nos habla el enunciado. El Principio de Causalidad habla de la existencia de causa y efecto, no establece qué efecto desencadena una causa concreta (ni qué causa precede a un efecto concreto), eso es otro cantar que corresponde al ámbito de las Leyes Naturales, en el que trata de desenvolverse la ciencia. También hay que puntualizar que nuestro principio se refiere a las relaciones o influencias entre las cosas que ocurren, o sea entre los eventos; las causas de las que habla no hacen referencia a la creación y origen de las cosas, tales pesquisas se engloban y referencian especialmente en el Principio de Mentalismo.

Visto así, la Causalidad podría verse como el ”principio de control” de las cosas, y más aún teniendo en cuenta el mundo tan tecnificado en que vivimos, donde medimos el tiempo constantemente y nos movemos conforme a esta medida, programamos aparatos (causas) para que se comporten como deseamos (efectos) que lo hagan, pues alguien se ha encargado en cada caso de implementar ciertos fenómenos naturales de manera tal que nos podamos servir de ellos para tener una vida más confortable, siendo “el control” y delimitación de causas y efectos la base para el funcionamiento de electrodomésticos, medios de transporte, de comunicación, etc. Ciertamente, el conocimiento de ciertas leyes naturales ha proporcionado control sobre numerosas situaciones, todo ello en el ámbito del espacio, el tiempo y la materia.

Este control dibuja un panorama mecanicista de la existencia que impregna todos los ámbitos del conocimiento y también de la vida cotidiana; en parte nos gusta y nos sentimos afortunados por contar con ello; sin embargo, la óptica mecanicista ha llegado incluso a influir en el concepto que podamos elaborar de la vida, de manera que existe esta visión en la que la vida y nuestra existencia es un complejo entramado de reacciones químicas y fenómenos físicos que, en cierto momento surgió de las propiedades de la materia considerada “inanimada”, separándose en cierta manera de ella, entrando en juego fenómenos genuinos y de un orden superior en complejidad (materia viva), pero en último término, sea hoy o sea mañana, deducibles de los primeros. La discusión en esta línea es ya clásica en el pensamiento, en la medicina, la teología, e inevitablemente hace referencia a la existencia del Alma y a la naturaleza de la Conciencia, lo que lleva también a la cuestión del Libre Albedrío, al tema del Karma, propio de Oriente, y al asunto de la Predestinación, propio del ámbito religioso de Occidente.

... ... ...

Estas consideraciones sobre Determinismo versus Libre Albedrío, revelan una enseñanza esencial del Principio de Causalidad con respecto a nuestra existencia. El centro se encuentra en el fenómeno de la Correspondencia, base para considerar la “atracción de causas” a nuestra existencia variando nuestro “estado vibracional” al margen de lo vivido anteriormente, de manera que no sean necesaria ni exclusivamente (al menos) las circunstancias del entorno las que “determinen” nuestro estado como una consecuencia de ello, si no que podemos “romper” de alguna manera esta conexión causal “situándonos” en otro plano, en otro estado (ánimo, optimismo, propósito), y de esta manera propiciar otro acontecer de las cosas, por la vía de la correspondencia.

Artículo de Paradigma Metamórfico .com, prohibida su copia

Así lo advierte Saint-Pierre; la conciencia, conocedora de sí misma, puede actuar como causa por sus propios medios. Se trata de un fluir con las circunstancias donde el Determinismo y el Libre Albedrío son dos polos o aspectos de la misma realidad, según el Kybalion. Y también se nos habla de Responsabilidad en tanto que elegimos y decidimos. La Causalidad es omnipresente y cada cosa que hacemos, que decimos e incluso que pensamos, necesariamente cambia las condiciones con las cuales se determina el porvenir. Podemos pensar que la Naturaleza ha llevado una piedra hasta un montón de rocas, y nosotros movemos una de ellas, o nos la llevamos a otro lugar; pues bien, eso es cambiar las condiciones de las cosas, aunque nos pueda parecer que el efecto de tal acción por nuestra parte será ínfimo en el Universo, no podemos negar la conexión causal entre nuestra acción y el futuro, y tampoco la podemos cuantificar. Antaño esta conexión causal la establecía la Filosofía, pues nuestro principio de discusión es bien antiguo; actualmente la Teoría del Caos nos ilustra tal paradigma en el ya emblemático ejemplo del aleteo de la mariposa que determina un tornado en algún lugar alejado.

© 2014 Paradigma Metamórfico .com
http://www.paradigmametamorfico.com/articulos/causalidad.html

Volver al Principio
Legal

© Paradigma Metamórfico .com